30 de Agosto del 2015
Al fin desperté, todo era tan diferente, todo estaba tan
oscuro, el ambiente estaba pesado, para ser más exacto estaba cargado de
nostalgias y tristezas. Aun no puedo, aun no quiero, no quiero ver la realidad.
Hace un momento estabas tan cerca de mí y hoy al despertar no fue así… Soñé que
estabas a mi lado, pero cuando desperté ya no estabas. No lo comprendía ¿Cómo
no te cuide?, ¿Cómo no protegí este amor?, ¿Cómo no me percaté que ya no era el
mismo?, ¿Cómo no entendí antes que con un simple lo siento no bastaba? Debí ser
el mejor siempre y no simplemente soñar que lo era…
Intente volver a dormir nuevamente, quizás todo sería diferente… Para mi sorpresa no fue así, quise devolver el tiempo atrás, quizás no sería tarde para hacerlo fue ahí cuando mire por la ventana, las nubes estaban grises y cargadas de agua… ya no había nada más que hacer, era demasiado tarde…
Lo único que podía hacer es cavar en mi memoria hasta encontrar tus recuerdos… fue fácil porque estaban archivados en la carpeta titulada “Mi Felicidad”, ahí estaba cada una de tus sonrisas archivadas, tus bromas, tus sueños que por cierto, ya se habían transformado en mis sueños…
¿Qué hago? Me pregunte, intente volver a soñar porque sabía que solo ahí te podría encontrar junto a mí, tape mi cabeza con mi almohada mientras gritaba una y otra vez en silencio, ¿Por qué ya no estabas a mi lado?... O quizás yo fui el que ya no estaba a tu lado.
Recordé la última vez que te vi, estabas triste, yo había sido aquel que trajo la amargura a tu vida… No me pude perdonar, no pude creerlo, fui yo el que desató esa lagrima de tristeza que brotó por tus ojos… acepte tus quejas, acepte tus insultos, después de todo… me los merecía.
Cerré los ojos y me fui, no miré hacia atrás porque me negaba a creerlo, caminé, caminé y caminé hasta que llegue a mi cuarto, abrí esa puerta, nunca había abierto esa puerta de tal manera, la abrí para encerrarme y no salir. ¡Quería vivir mi vida junto a ti! y ya lo había arruinado…
Mientras recordaba una y otra vez cada viaje que vivimos juntos, cada risa, cada juego, cada momento de mi vida junto a ti y me recordé de una promesa, esa promesa que te hice un verano después de tanto dolor que pasamos “Nunca te voy a dejar sola, siempre te cuidaré y seré tu compañía en las buenas y en las malas”, sin embargo aquí estaba apartándome de ti porque lo mejor que pude hacer es herir a quien más ame.
Estaba dentro de mi cuarto, pero no solamente ahí si no que estaba encerrado dentro de mí mismo, escuche que llamaban a la puerta, atendí y me abrazo una brisa tan fría que no recordaba la última vez que la había sentido, me dolió todo el cuerpo… Pero supe desde un principio quien era, era la soledad, aquella que no te abandona, aquella que siempre está ahí cuando piensas que ya no hay nadie, me pregunto si necesitaba de su compañía en ese momento, y bueno… Le respondí que sí, me abrazó y me dijo descansa… Es tiempo de soñar, es tiempo de vivir en sueños.
Me dormí finalmente, esta vez sí que fui feliz, ahí te veía hermosa como siempre, sonriéndome, mirándome con tus ojos color miel, me tomaste la mano y me dijiste una vez más: “Que grande es tu mano”, te sonreí y te dije que eran para cuidarte, fue ahí que sin darme cuenta comenzó a brotar una lagrima por mi mejilla, la secaste con tu mano y me dijiste te amo… infinito.
Desperté llorando como nunca antes lo había hecho, me seque la cara al instante… no quería llorar pues sabía que en cada lagrima que corría por mis mejillas se iban los recuerdos que tenía de ti.
Intente volver a dormir nuevamente, quizás todo sería diferente… Para mi sorpresa no fue así, quise devolver el tiempo atrás, quizás no sería tarde para hacerlo fue ahí cuando mire por la ventana, las nubes estaban grises y cargadas de agua… ya no había nada más que hacer, era demasiado tarde…
Lo único que podía hacer es cavar en mi memoria hasta encontrar tus recuerdos… fue fácil porque estaban archivados en la carpeta titulada “Mi Felicidad”, ahí estaba cada una de tus sonrisas archivadas, tus bromas, tus sueños que por cierto, ya se habían transformado en mis sueños…
¿Qué hago? Me pregunte, intente volver a soñar porque sabía que solo ahí te podría encontrar junto a mí, tape mi cabeza con mi almohada mientras gritaba una y otra vez en silencio, ¿Por qué ya no estabas a mi lado?... O quizás yo fui el que ya no estaba a tu lado.
Recordé la última vez que te vi, estabas triste, yo había sido aquel que trajo la amargura a tu vida… No me pude perdonar, no pude creerlo, fui yo el que desató esa lagrima de tristeza que brotó por tus ojos… acepte tus quejas, acepte tus insultos, después de todo… me los merecía.
Cerré los ojos y me fui, no miré hacia atrás porque me negaba a creerlo, caminé, caminé y caminé hasta que llegue a mi cuarto, abrí esa puerta, nunca había abierto esa puerta de tal manera, la abrí para encerrarme y no salir. ¡Quería vivir mi vida junto a ti! y ya lo había arruinado…
Mientras recordaba una y otra vez cada viaje que vivimos juntos, cada risa, cada juego, cada momento de mi vida junto a ti y me recordé de una promesa, esa promesa que te hice un verano después de tanto dolor que pasamos “Nunca te voy a dejar sola, siempre te cuidaré y seré tu compañía en las buenas y en las malas”, sin embargo aquí estaba apartándome de ti porque lo mejor que pude hacer es herir a quien más ame.
Estaba dentro de mi cuarto, pero no solamente ahí si no que estaba encerrado dentro de mí mismo, escuche que llamaban a la puerta, atendí y me abrazo una brisa tan fría que no recordaba la última vez que la había sentido, me dolió todo el cuerpo… Pero supe desde un principio quien era, era la soledad, aquella que no te abandona, aquella que siempre está ahí cuando piensas que ya no hay nadie, me pregunto si necesitaba de su compañía en ese momento, y bueno… Le respondí que sí, me abrazó y me dijo descansa… Es tiempo de soñar, es tiempo de vivir en sueños.
Me dormí finalmente, esta vez sí que fui feliz, ahí te veía hermosa como siempre, sonriéndome, mirándome con tus ojos color miel, me tomaste la mano y me dijiste una vez más: “Que grande es tu mano”, te sonreí y te dije que eran para cuidarte, fue ahí que sin darme cuenta comenzó a brotar una lagrima por mi mejilla, la secaste con tu mano y me dijiste te amo… infinito.
Desperté llorando como nunca antes lo había hecho, me seque la cara al instante… no quería llorar pues sabía que en cada lagrima que corría por mis mejillas se iban los recuerdos que tenía de ti.
Me dormí finalmente, esta vez para no volver a despertar
nunca más. Comprendí que solo en mis sueños estarías conmigo. Fui feliz, te amé
como nunca, me amaste, tuvimos familia y fuimos felices porque estábamos
juntos.
Si no me vez llorar cuando te vea, es porque no quiero que se vayan los hermosos recuerdos que me dan vida cada vez que colocó mi cabeza sobre la almohada… te amo ya que eres mi realidad en sueños.
Si no me vez llorar cuando te vea, es porque no quiero que se vayan los hermosos recuerdos que me dan vida cada vez que colocó mi cabeza sobre la almohada… te amo ya que eres mi realidad en sueños.