18 de Marzo del 2017
Solía recurrir a los tristes recuerdos de un pasado que lo único que logro dejar fueron cenizas que con el tiempo, fueron esparcidas por el viento sin siquiera dejar rastros, aprendí que en muchos casos lo mejor era ocultarme tras la pared de la indiferencia, el sonreír se iba haciendo difícil y el salir de ese cuarto lóbrego era toda una aventura que en muchos casos no estaba dispuesto a vivir.
Buscando una salida, buscando un recurso para acabar con aquello que me atrapaba y no me dejaba respirar, busque una amistad la cual estaba a miles de kilómetros de distancia, siendo un completo desconocido te escribí y espere a que algún día lograras responderme.
Así fue después de unos días recibí respuesta, no sabía que decir ni siquiera en que idioma escribir… ahí estábamos hablado… varias veces repetía las mismas preguntas, sí lo asumo mi vocabulario no era muy amplio, quizás escaso sería lo correcto. Pasaron los meses y realmente sí, aun sigo siendo un desconocido, un extraño que quiere hacer lo posible para dejar de serlo.
Minutos y hasta horas estuve esperando hasta que el celular dio señal de alarma, tú me habías escrito, después de varios meses conversando solo por mensajes, al fin pudimos vernos, pude ver tu sonrisa viva y serena, tus ojos profundos como el mar y llenos de alegría. Mi inglés aunque pobre estaba lleno de optimismo para poder forjar una buena conversación contigo, las palabras no salían, sí… Seguro eran los nervios. Me podría haber amanecido simplemente conversando contigo, talvez de la vida, talvez de los planes, talvez de ti o quizás de mi.