Historia Bíblica: “Jesús en el Getsemaní”
(Mt 26:36-46; Mc 14:32-42; Lc 22:39 -46)
(Mt 26:36-46; Mc 14:32-42; Lc 22:39 -46)
Como
solía hacer Jesús con sus doce discípulos después de un largo día de trabajo
ferviente haciendo bien a otros para salvarlos de la destrucción, se dirigió al
Monte de los Olivos, apartándose de la confusión de la ciudad para conversar en
oración con su Padre. Al llegar al Monte de los Olivos Jesús les pidió a los doce
que se sentasen y orasen, mientras tomando a Pedro, Jacobo y Juan, les dice: “Mi alma
está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad”. Mientras el Hijo de
Dios se alejaba y se postraba en actitud de oración en el huerto de Getsemaní,
oraba: “Padre, si quieres,
pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. A causa de
la agonía de su espíritu brotó de sus poros sudor como grandes gotas de sangre.
Ese momento fue en el que la divina luz de Dios desapareció de su vista
y él pasó a manos de las potestades de las tinieblas. Estaba sufriendo en lugar
del hombre, como transgresor de la ley de su Padre, las tinieblas lo estaban
cubriendo, mientras se percataba del ceño de su Padre, se preparaba a desviar
la copa del sufrimiento de los labios del hombre culpable, y se proponía
beberla él mismo, para dar al hombre en cambio la copa de la bendición. Allí
fue donde la copa misteriosa tembló en su mano. El divino Hijo de Dios desmayaba y se
moría, en ese momento el Padre envió a un mensajero de su presencia para que
fortaleciera al divino Doliente, y le ayudara a pisar la senda de dolor. Luego
de esto levantándose, se acercó a sus discípulos y los halló durmiendo y le
Dijo a Pedro: “¿Así no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para
que no entréis en tentación: el espíritu a la verdad está dispuesto, más la
carne es débil.” Él sabia que les esperaban grandes aflicciones y pruebas a sus
discípulos y por ello les pedía que velaran y oraran, en forma de preparación
para aquel momento. Otra vez fue y oró, diciendo las mismas palabras. Al
volver, otra vez los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados
de sueño; y no sabían qué responderle. Jesús se sentía aun mas abrumado por que
los mas cercanos a el no podían velar ni comprender el sufrimiento que él
estaba pasando en ese momento y no se daban cuenta de la magnitud y la
necesidad que ellos requerían de estar en constante oración. Regreso nuevamente
orar de la misma manera anterior entregándose por amor a la raza humana, la ira que
habría recaído sobre el hombre recayó en ese momento sobre Él. Luego de haber terminado de orar vino
la tercera vez, y les dijo: Dormid ya, y descansad. Basta, la hora ha venido;
he aquí, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores. Levantaos,
vamos; he aquí, se acerca el que me entrega. En ese instante acercándose Judas
con una turba de gente a sus espaldas, le dice:” ¡Salve, Maestro!” Y le besó. Con paz y seguridad Jesús le dijo: “Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?”.
Aplícalo a tu vida:
Hoy se nos
pide a cada uno de nosotros como seguidores de Cristo el deber de ser buenos
vigilantes y firmes en la oración. El cansancio o las dificultades de la vida
no son excusas para ser menos vigilantes. Las dificultades no deben inducirnos
al descuido, sino a duplicar la vigilancia. Cristo demostró que por medio de
una constante comunicación con su Padre, aun en los momentos más difíciles se
pueden obtener victorias indescriptibles. Como así nosotros vamos a bajar la
guardia al desanimo si tenemos de nuestro lado a aquel que venció la muerte en
la cruz.
Él Señor siempre te dará la
victoria cuando al parecer todo se ve perdido, solo hace falta velar y orar.
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