29 de Septiembre del
2015
Simplemente me congele al verte salir y volví a comprender nuevamente que todo es de papel, como una gran hoja de la cual nosotros somos los principales escritores, bastante tarde me di cuenta de lo que había escrito ya que dentro tuyo se había hecho piedra todo ese dolor, quise recuperarte, quise nuevamente retroceder el tiempo, te suplique que te quedaras conmigo e incluso le grite a los cuatro vientos para ver si algún día podrían convencerte de despertar enamorada.
Al fin he llegado a este punto, al punto en el cual puedo comprender que el amor siempre empieza soñando, pero finalmente cuando acaba es cuando comienzan los periodos interminables de insomnio en nuestra vida, duele reír sabiendo que lo nuestro no tiene solución, duele fingir que todo está perfecto mientras dentro de uno, cada suspiro guardado en los recuerdos… Duele.
Es que no me será fácil aceptarlo, no me será fácil que después de haber aprendido a vivir en tu compañía tenga que aprender a vivir en soledad, solo quiero negarme a hacerlo.
Cada día que pasa puedo sentir como el aire se hace denso, los días se hacen más largos y las noches parecen tormentas de insomnio y melancolía, puedo ver cada una de nuestras risas como cosa del pasado, la lluvia que ambos disfrutábamos se ha transformado en una lluvia desbordada de sentimientos, mi cuarto se ha vuelto un refugio se me ha hecho tan difícil continuar en este lugar que no sabría donde esconderme para no recordar los momentos vividos junto a ti, se me ha hecho imposible hasta respirar el oxígeno ya que sin duda se ha ido de este lugar.
El día en que te fuiste comenzó mi tortura, desde aquel día tengo apnea, desde aquel día pude comprender que lo que comenzó algún día terminaba, sin duda fue el inicio de un final, un final del cual me cuesta convencerme, un final del cual solo las conclusiones son llantos.
Tan duros me han sido estos días sin tu compañía que hasta he llegado a confundir con ternura, la lastima con que a veces me miras, me he engañado pensando que aún esperas que te abrace, me miento cada mañana imaginando que nos tomamos las manos y nos miramos a los ojos para sonreír como dos cómplices.
Quizás ya es hora de convencerme que tienes razón, después de todo cuando termines de cruzar esa puerta que lleva al olvido podré comprender realmente que te perdí totalmente y que mis esfuerzos por recuperarte fueron en vano.
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